Llevo tiempo queriendo escribir acerca de este tema que como
docente y como bailarina me genera bastante curiosidad y preocupación. ¿Por qué
la gente considera que bailar danza oriental es fácil? ¿Qué puede llevar a un
profesor de la misma a despreciar su dificultad? ¿Por qué los alumnos creen que
con un puñado de clases ya pueden enseñar a otras personas sin tener una
formación sólida? ¿Qué valores e imagen de profesionalidad transmitimos a nuestros
alumnos y al público en general?
Por un lado, oigo muchas veces decir a colegas que han tenido
alumnas que recibiendo sólo un año de clases se han puesto a dar clases. Mi sorpresa siempre es mayúscula,
pero no menor que cuando esos mismos profesionales desprecian este arte afirmando
que el flamenco, el clásico o el contemporáneo es más difícil que la danza
oriental. Indudablemente algo está fallando.
Creo que el principal problema que tiene la danza oriental
es que está llena de gente que se llama “profesional”, pero en realidad
no lo es. Entiendo por profesional a una persona que hace de la danza oriental su
principal fuente de ingresos ya sea como bailarina, profesora o coreógrafa. No incluyo
bajo la acepción de profesional a aquella persona que usa la danza oriental para
sacarse un sobresueldo o a la que da clases gratuitas en un centro de menores
porque le apetece colaborar con la comunidad. Me refiero a personas que están
dadas de altas como autónomas o empresas, que cobran un precio digno por sus
servicios y pagan los correspondientes impuestos. Me da igual si tienen escuela
propia, si trabajan dando clases particulares en casas, o si van por el mundo
bailando. Para mí son profesionales porque viven por y para esta danza y entran
en la definición de “profesional” de la RAE:
"Dicho de una persona: que ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes".
"Dicho de una persona: que ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes".
De este tipo de gente, lamentablemente,
yo conozco a poca, y encima sufren las consecuencias de la competencia desleal
de estos pseudoprofesionales. Pero ese ya sería otro tema de debate.
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"El pintor de Oriente", por Sahra Ardah. |
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El pintor de Oriente, por Sahra Ardah |
El caso es, aunque el desconocimiento y falta de profesionalidad no tengan consecuencias dramáticas inmediatas, es decir, nadie va a morir porque yo no sepa qué es un mawal o un taqsim, debería preguntarme algo: ¿Puede afectar esto a la visión que la gente profana tiene
de la danza oriental? Por supuesto que sí.
¿Por qué no se hace nada para que
esto cambien? Se intentó, en varias ocasiones en nuestro país, pero al parecer
aún no estamos preparados para un cambio así. Nos gusta mantener nuestros
pequeños feudos diría yo.
Entonces, ¿es la danza oriental difícil o no?. La
danza oriental es un arte muy, muy complejo. Podemos ser virtuosos ejecutándola
o fuente de sabiduría al transmitir su legado desde el punto de vista docente. Podemos
ser ambas cosas o ninguna. Y este es el problema.
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El Pintor de Oriente, por Sahra Ardah |
Para el conocimiento profundo de la danza oriental no sólo vale
estudiar la versión moderna del cabaret, más conocida como danza del vientre,
sino que hay que ahondar en las manifestaciones específicas de cada país. Y eso
es una empresa titánica y probablemente imposible de materializar, dada la extensión
geográfica de sus raíces.
A nivel técnico, la danza oriental es de gran complejidad. Requiere
altos niveles de flexibilidad, coordinación y disociación corporal. La melodía
y la rítmica es difícil de aprehender, ya que los acentos y matices no son
fácilmente captados por el oído occidental. Incluso las personas que tienen
facilidad para este baile, porque conocen otras danzas o porque trabajan arduamente
en dominar la técnica cuanto antes, se precisan por lo general entorno a 4 o 5
años para que ser capaces de ejecutar con elegancia, calidad técnica y
expresiva. Luego, conocer la cultura, la historia, la rítmica, los estilos, la musicalidad… Probablemente
lleven mucho más tiempo porque el desconocimiento en estos aspectos suele ser
grande.
Llevo más de 15 años dedicados como profesional al aprendizaje y difusión de
este arte. Sigo estudiando, investigado y trabajando. Cuanto más sé, más de doy
cuenta de lo muchísimo que me queda por aprender. Nunca se me ocurriría comparar
a esta danza con ninguna otra. Los beneficios que se desprenden de su práctica
van mucho más allá de una actividad física. La danza oriental conecta el cuerpo con
la mente, empodera a la mujer y le ayuda a aceptarse a sí misma; es,
como me gusta decir, una danza sanadora y de vida. Todas las mujeres que la han
practicado de forma regular en algún momento de su vida han apreciado su
dificultad y es común oír decir que ojalá hubiesen empezado a bailar mucho
antes. No es de extrañar esta afirmación. Las primitivas danzas de la
fertilidad se bailan desde hace miles de años. Primero como bailes para los dioses,
luego en la clandestinidad por ser consideradas pecaminosas… Es curioso y llamativo que aún
hoy algunos las desprecien.